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En un estudio realizado en México y llevado a cabo
por la Secretaría de Instrucción Pública sobre los
aprendizajes de los alumnos en la escolaridad básica y su relación
con variables internas y externas al sistema educativo que impactan en
los aprendizajes, se buscó establecer correlaciones significativas
entre los datos de evaluaciones administradas a los alumnos con los resultados
de las evaluaciones a los docentes, sus carreras académicas, las
estrategias y materiales que utilizan en la enseñanza, la antigüedad
de la docencia, entre otras cuestiones. Sorprendentemente, los datos recogidos
muestran una escasa correlación entre el conocimiento de los estudiantes
y las variables mencionadas. Según este estudio, los aprendizajes
de los alumnos en los primeros diez años de la escolaridad refieren
primordialmente, más allá de las variables contextuales,
a la presencia de un docente que "da clase" durante más
de una hora y media por día, esto es, la modesta explicación
que, más de una vez, sólo tiene de sofisticado el uso del
pizarrón y la tiza.
Sin embargo, cuando se avanza en los diferentes niveles
de escolaridad, los datos de las correlaciones se modifican. Métodos
y estrategias novedosas, propuestas didácticas o enfoques versátiles
de tratamiento de los contenidos en las clases impactan en los aprendizajes
de los estudiantes de los niveles más avanzados, inciden en su
interés y permiten al estudiante explorar caminos y explicaciones
no convencionales o trilladas. Pareciera que, contradiciendo las viejas
tradiciones o concepciones de la enseñanza universitaria, el conocimiento
didáctico del docente importa más cuanto más se progresa
en el nivel de la enseñanza. Por supuesto, sin desmedro del conocimiento
profundo de la temática que desarrolla.
Las estrategias desplegadas por los docentes mostrarían,
más que otra cosa, el modo de pensamiento de ese docente acerca
de la disciplina o área de conocimiento y permitiría a los
alumnos reconocer enfoques, modos de tratamiento colaborando en la comprensión
de aquello que es sustantivo y diferenciándolo de lo que no lo
es.
En el programa de investigación que dirigimos en
la Universidad de Buenos Aires que tiene por objeto el estudio de las
buenas prácticas de la enseñanza universitaria , hemos recogido
las apreciaciones que realizan los estudiantes respecto de las buenas
clases. En ellas son recurrentes los señalamientos del valor de
la clase en tanto los alumnos permiten reconocer lo que deben realizar
o porque ofrecen un orden determinado que facilita el reconocimiento de
relaciones donde no suponían que las hubiera. Estas referencias
aluden a una apreciación de la clase en tanto en ella, desde la
perspectiva de las estrategias didácticas llevadas a cabo por parte
de los docentes, se ven favorecidos los procesos comprensivos, con independencia
de la rigurosidad de un planteo o de un enfoque novedoso o innovador.
Sin embargo, las buenas estrategias raramente se encuentran aisladas o
disociadas del riguroso tratamiento del contenido. Es más, probablemente
ni siquiera serían mencionadas las estrategias que los alumnos
identifican, si ellas no hubieran pasado primero por una real apreciación
del valor del contenido desarrollado.
En esta oportunidad, hemos seleccionado una estrategia
llevada a cabo por los docentes en las aulas por su significación
en la enseñanza superior y, en particular, por la frecuencia con
que los docentes sostienen que la utilizan y por las disímiles
razones que sostienen para hacerlo. Nos estamos refiriendo a las estrategias
de integración. Entendemos por estrategias de integración
en la enseñanza aquellas actuaciones o explicaciones de los docentes
o propuestas de actividades para los estudiantes, dirigidas a la conformación
de un todo o una estructura o de relación de sentido entre temas,
conceptos o campos. Más de una vez, una estrategia de trabajo grupal,
como la constituida por la enseñanza en talleres, se justifica
porque promueve actividades de integración pensando que la sola
mención de la estrategia o el formato de la clase la favorece sin
distinguir las actividades requeridas para lograrlo.
En el análisis de las clases universitarias pudimos
identificar clases que promueven la integración al final de un
cuatrimestre o de un curso como clase de cierre en una suerte de oposición
a una clase de apertura o de inicio. Propuesta así la integración,
se puede diseñar o reconocer porque los docentes utilizan un caso
o relato que permite identificar en sus relaciones, numerosos conceptos,
temas, ideas, suposiciones a partir de una situación o producto
concreto. Los relatos de casos, por ejemplo, complejos, dilemáticos,
mostrando una situación real en la que convergen para el análisis,
datos, conceptos, relaciones paradigmáticas; suelen ser expresiones
de los vínculos interdisciplinarios y constituyen una clara propuesta
enriquecedora de las comprensiones. La integración no le "viene
dada" a los docentes, son ellos constructores de la integración
mediante una mirada experta, crítica en algunas circunstancias,
novedosa o profundamente interpretativa. De esta manera una propuesta
de integración suele, al finalizar el curso, volver a mostrar al
docente en toda su experticia por el valor profesional o académico
que tal integración propone.
Los programas de la materia pueden ser otro de los soportes
que utiliza el docente para llevar a cabo la integración. Volver
a mirar el programa en una suerte de síntesis permite enriquecer
las explicaciones y re centrar aquello que fue diversificado y abierto
a lo largo del curso. Esta propuesta de integración, recupera también
los enfoques personales en tanto permite, en un tiempo breve, indicar
lo principal según la interpretación del docente discriminando
lo anecdótico o los temas de "borde" de la disciplina,
esto es, señalar lo importante de aquello que se desdibuja del
campo de conocimientos. Podríamos pensar que, en una clase de apertura,
los docentes podrían utilizar el programa, para mostrar los temas,
su complejidad o el enfoque. Sin embargo, a pesar de que el soporte sea
el mismo, lo que transforma una estrategia de apertura en otra de cierre
o de integración se genera por el tipo de conocimiento adquirido
previamente por los estudiantes, por el tipo de vínculo entre los
temas que puede realizar el docente una vez desarrollado el campo y por
la posibilidad de un tratamiento enriquecido en la síntesis final.
Otros procesos de integración, lejanos o no en
el tiempo al cierre de la materia, se ven favorecidos cuando se propone
a los estudiantes identificar aquellas cuestiones o conceptos que hayan
sido centrales o nodales en un texto, una explicación o un trabajo
realizado. Tres o cuatro cuestiones que, una vez reconocidas y ya en una
segunda instancia, se proponen relacionar. En esas relaciones los estudiantes
encuentran una categoría de mayor nivel de abstracción,
ofreciendo un nuevo sentido a la relación que establecen. En otras
oportunidades, los alumnos pueden reconocer un eje que estructura o establece
la relación entre los conceptos identificados. Esos ejes estructurantes
también constituyen poderosas herramientas para la integración
entre conceptos. También podríamos sostener que ese eje
le brinda un nuevo sentido a la relación que se establece. Otras
veces el eje estructurante puede ser uno sólo y permite resignificar
todos los conceptos o sus relaciones. No se trata de establecer nexos
sino profundizar el análisis realizado dando cuenta, de esa manera,
que los procesos de integración no superficializan sino, por el
contrario, favorecen nuevas explicaciones.
También la integración puede favorecerse cuando los docentes
analizan desde una perspectiva epistemológica los diferentes temas
tratados o las acciones propuestas. Las referencias a la epistemología
de la disciplina, a un enfoque que permita entender el caso que se analiza
o el ejemplo de que se trata, el área de conocimiento desde la
perspectiva del conocimiento del campo de referencia, sus formas de construcción
o de validación, permite una explicación del hecho que se
analiza en un nivel diferente de abstracción que favorece, también,
nuevas integraciones. Esta circunstancia no nos impide reconocer, sin
embargo, que en algunas oportunidades las referencias a la epistemología
no generan en los alumnos procesos superiores sino que son vistas como
otras categorías de análisis al mismo nivel que otras explicaciones.
Las mencionadas alternativas no deberían dejar
de incluir que, independientemente de la actividad cognitiva propuesta,
la integración se estimula, reconoce y reconstruye en el diálogo
entre y con los alumnos. Los interrogantes que plantean o la participación
que permite exponer su comprensión, resulta fundamental para los
docentes con el objeto de identificar el valor de esas comprensiones.
Por lo tanto, las estrategias desplegadas por los docentes para promover
los procesos reflexivos por parte de los estudiantes requieren, en la
mayoría de los casos, actuaciones inteligentes ya sean resoluciones
de problemas, interpretaciones o análisis. Los espacios informales,
las charlas de pasillo o de café también son propicios para
esas conversaciones abiertas en las que, casi sin proponérselo,
los alumnos construyen esos procesos de integración.
Las estrategias que despliegan los docentes para favorecer
los procesos de integración por parte de los estudiantes son parte
de los procesos reflexivos que deberían estimularse en el aula,
tales como los procesos de descripción, interpretación o
valoración. Los docentes solemos dar ejemplos, analogar o utilizar
metáforas para ayudar en los difíciles y complejos procesos
de la comprensión. La integración es una más de las
estrategias, pero al analizar el campo de conocimientos, son esos procesos
de mayor abstracción y no de generalización simplificada,
los que permiten dar cuenta de una mejor comprensión de un campo.
Sin embargo, en algunas oportunidades también los hilvanes o hilos
sueltos nos permiten generar comprensiones originales y creativas. Con
esto queremos señalar que la integración no es una camisa
de fuerza para rodear o circunscribir un tema ni un ejercicio para proponer
a los estudiantes en los momentos de la evaluación. Muchas veces,
en la evaluación se les solicita a los alumnos que realicen un
proceso de integración sin que este proceso se haya llevado a cabo
con anterioridad, esto es, en el mismo proceso de enseñanza. Entendemos
que, difícilmente se integre en la evaluación lo que no
se integró en la circunstancia de la enseñanza y no es el
lugar de la evaluación el mostrario de los procesos más
complejos del pensar o entender.
En el campo de la historia o en el de la física
entender un tema o concepto, implica entenderlo también en su campo
de conocimientos. Este es un largo recorrido que debería formar
parte de nuestras enseñanzas desde el inicio de un proceso del
conocimiento. Los ejemplos, en tanto ejemplos valiosos de un campo dan
cuenta del mismo campo, de sus problemas, sus supuestos y controversias.
La integración, en tanto estrategia para favorecer la comprensión
debe poder ser mostrada a nuestros estudiantes en nuestros procesos del
pensar en tanto se configura con cada una de nuestras explicaciones y
forma parte de la conversación didáctica, del diálogo
que invita a nuestros estudiantes a pensar.
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