|
Publicado en www.educ.ar
Quiero agradecer a las autoridades de educ.ar esta
participación en el panel, y la posibilidad de poder dirigirme
a ustedes para hacer un análisis que prácticamente pivotee
en la educación a distancia: la utilización de las nuevas
tecnologías.
Cuando uno pretende analizar hoy la incorporación
de las nuevas tecnologías y la transformación de las propuestas
de educación a distancia a partir de esa incorporación,
creo que lo primero que tendría que plantear es que en realidad
las nuevas tecnologías no sólo transforman y transformaron
las propuestas de educación a distancia, sino que hoy, con la misma
potencialidad, se incorporan también en la educación presencial.
Quiere decir que inscribir hoy el análisis en la
educación a distancia implicaría también poder pensar
que, a diferencia de otras propuestas tecnológicas para la enseñanza
superior, no se está pudiendo reconocer las modificaciones que
se están generando también en los sistemas de educación
presencial a partir de la incorporación de esas nuevas tecnologías.
Independientemente de esto -como el tema que nos preocupa
en este panel tiene que ver con la educación a distancia- a mí
me gustaría analizar, también desde la historia de la educación
a distancia, una síntesis de cómo se fueron incorporando.
Empezar a ver que, en realidad, las propuestas de la tecnología
-así hayan tenido que ver con la radio, la televisión, etc.-
se incorporaron tanto para el diseño como para la distribución,
pero fundamentalmente como soporte del desarrollo de contenidos. Y esto
ha ido mostrando a lo largo de los distintos sistemas de educación
a distancia la evolución de las mismas tecnologías; o sea,
este papel de soporte para el desarrollo de contenidos. Esto se da fundamentalmente
porque la educación a distancia, desde su misma definición,
hace que no pivotee la clase del docente como su propuesta estructurante
o propuesta fundamental. Desde ese lugar, las tecnologías se constituyeron
en su soporte fundamental.
Cuando analizamos ese soporte y definimos las propuestas
de educación a distancia encontramos, más de una vez, que
en el análisis histórico de la educación a distancia
se suele ver ese lugar de soporte desde las interpretaciones actuales,
y no como fueron concebidas en su momento.
Cuando uno piensa que las primeras experiencias de educación
a distancia fueron la educación por correspondencia, solemos creer
que la educación por correspondencia tuvo que ver con una propuesta
tutorial, con relaciones entre docentes y alumnos, fructíferas,
a través del intercambio epistolar, y, en realidad, las propuestas
de educación a distancia que tuvieron que ver con los sistemas
de correspondencia eran simplemente un vehículo o un canal para
que cartillas impresas les llegaran a los estudiantes, y a su vez fueran
distribuidas y les permitieran a los docentes recibir las evaluaciones
que se habían mandado también en un sistema de este tipo.
Nuestras lecturas de la utilización de las tecnologías
en los sistemas de educación a distancia tienen más que
ver con concepciones en torno a derivaciones de la psicología,
la sociología, etc., y no con los verdaderos usos que tuvo cada
una en su momento. Esto nos pasa también cuando vemos qué
es lo que ha sucedido con la incorporación de tecnologías
y nos encontramos con que, por ejemplo, en la Universidad Abierta de Israel
la utilización de las tecnologías tuvo que ver, más
que con otra cosa, con conformar para esa universidad una enorme empresa
editorial. O sea, la Universidad Abierta de Israel tiene esta empresa
editorial sustantiva para poder entender su valor y sus usos. La Universidad
Abierta de Venezuela o la Universidad de Costa Rica también generaron
empresas editoriales de profundo desarrollo en el marco universitario,
y después esos libros fueron utilizados también en las universidades
presenciales.
Este origen o este análisis es interesante, independientemente
de que cuando uno analiza el sentido de la creación de algunas
universidades a distancia latinoamericanas encuentra que su sentido de
creación, en la década del 70, tuvo más que ver con
una universidad contestataria. Entonces, esta universidad contestataria,
de difícil comprensión para los grupos más reaccionarios
de esas mismas universidades, los llevó a crear universidades sin
alumnos, en centros alejados. Es así como en Heredia (Costa Rica),
por ejemplo, se crea una universidad sin alumnos, que permite a autoridades
y profesores de la universidad seguir desarrollando sus cursos sin la
molestia de los estudiantes y sus barricadas.
Me parece que esto va permitiéndonos ir inscribiendo
a la educación a distancia en sus lugares y en sus contextos. No
es que vayamos a pensar después que esto es una respuesta a estos
sectores progresistas desde otros lugares, porque pasa exactamente lo
contrario. Un ejemplo, en la década del 80, es la Universidad de
Honduras, donde los sectores más progresistas se han encontrado
vinculados a estas universidades a distancia, con una profunda propuesta
para la educación, por ejemplo, de aquellos que se encuentran alejados
de los centros urbanos. Ese fue, también, el sentido de muchas
propuestas de educación a distancia que empezaron a utilizar la
radio con sistemas de alfabetización, que tuvieron más que
ver con una propuesta política, cultural y social, para que acceda
a la educación gente a la que le era imposible su acceso. Entonces
la radio, accediendo a los sectores más alejados y permitiendo
propuestas comunicacionales de nuevo tipo, permite que se adopten o se
tomen y se reconstruyan las propuestas de la educación desde este
soporte.
Este fue también el sentido de la utilización
de la televisión en la Open University de Inglaterra. Cuando hoy
juzgamos la incorporación de la televisión en la Open University
solemos pensar que se hizo fundamentalmente porque, frente a temas de
difícil comprensión, se les acercaron propuestas perceptivas
a través de la televisión, que favorecieran los aprendizajes.
En realidad, la Open University tomó, desde un lugar político,
la creación y el desarrollo de las propuestas de televisión;
pero para el desarrollo de los contenidos, esta universidad fue pionera
en sostener que el medio impreso, por ejemplo, y el libro, eran la propuesta
articuladora de todo el desarrollo y toda la oferta de contenidos.
Quise hacer esta síntesis de la educación
a distancia en sus orígenes, su reconstrucción, sus problemáticas
políticas, simplemente para entender que más de una vez
nuestras lecturas de la educación a distancia y de sus historias
suelen ser lecturas a partir de desarrollos actuales -en términos
de concepciones científicas-, que nos hacen reconstruir su sentido
y su valor a partir de esas lecturas, y que desde ese lugar falseamos
a veces el sentido con el que fue creada, su potencia o su posibilidad.
Más de una vez hay que entender ese sentido desde un lugar político;
otras veces hay que entenderlo desde la misma construcción, de
los medios; otras, por el sentido en que determinados grupos la crean,
construyen o reconstruyen como propuesta educativa. Todo esto nos va a
permitir entender, en otro nivel de análisis y quizás con
más profundidad, cuál fue y cómo se fue plasmando
la educación a distancia, las distintas propuestas.
Así podemos llegar a ver, también, cómo
se incorporaron -o se incorporan hoy- las nuevas tecnologías en
los programas de educación a distancia. En estas incorporaciones
de las nuevas tecnologías hemos sufrido visiones bastante empobrecedoras,
porque se suscitaron posiciones dicotómicas. Juana Sancho, por
ejemplo, las llamó -recogidas por Nicolás Burbules- "posiciones
tecnófobas o tecnófilas" (o sea, las tecnologías
nos vienen a resolver en el mundo los problemas de la comprensión,
el aislamiento, la problemática política, la incorporación
a una nueva sociedad), visiones tecnófobas que en realidad lo que
muestran es exactamente lo contrario. Desde posiciones de este tipo, raramente
podremos entender cuál es el sentido de la incorporación,
cuál es su valor, cuáles son las nuevas demandas que las
nuevas tecnologías nos generan, cuáles son las nuevas potencias
y cuáles son, por lo tanto, sus posibilidades.
Con la intención de superar estas posiciones dicotómicas
empobrecedoras de la comprensión de las nuevas tecnologías,
es que venimos desarrollando un programa de investigación en el
Instituto de Investigación en Ciencias de la Educación.
El programa intenta estudiar qué es lo que pasa con la incorporación
de las tecnologías, dando respuesta a algunos de los interrogantes
claves de esta utilización. Nos encontramos con que la utilización
de las tecnologías en la educación -y decíamos, durante
un período bastante largo- se da antes de que podamos entender
cuál es su valor para la utilización en clase, cuáles
son sus problemáticas, cuáles son sus propuestas, etc. Necesitamos
construir una didáctica tecnológica; tratar de subirnos
a un caballo que va delante nuestro y que galopa, y utiliza esas tecnologías
sin poder pensar en su sentido y reconstrucción en la clase.
Durante el proceso de investigación que desarrollamos
intentamos esa construcción, pero, al mismo tiempo, nos pasa exactamente
lo mismo en su utilización en clase. También en el proceso
de investigación hay un caballo galopando adelante, que rara vez
nos permite estar al tiempo y al tono, entendiendo que todos estos procesos
son lentos y laboriosos, y que más de una vez estudiar su incorporación
nos hace estudiarla a fondo, en una incorporación que prácticamente
va quedando en desuso y donde se van suscitando otras.
En el inicio de la investigación -hace por lo menos
cinco años-, cuando empezamos a estudiar la incorporación
de las tecnologías en la enseñanza, nos encontramos con
que no podíamos empezar a analizarla a partir de buenas clases,
sino que teníamos que hacerlo a partir de quienes la usaban; porque
todavía esa selección no nos era permitida en términos
de su facilidad de acceso en las aulas universitarias.
Hoy, esa puerta de entrada, esos porteros para la investigación,
sería distinta. La cantidad de docentes que la utilizan se ha ampliado
verdaderamente, y quizás hoy sería bastante más fácil
poder estudiarla que en su inicio.
La pregunta "del millón" que preocupa
a todo investigador que analiza la incorporación de las tecnologías
en las clases y en las propuestas de enseñanza tiene que ver con
responder si las nuevas tecnologías generan una nueva manera de
pensar. De alguna manera Piscitelli abrió este interrogante; si
replantean de manera distinta la tarea del docente, si ubican a un docente
en funciones diversas. Esta es una polémica abierta hoy en los
medios universitarios.
Cuando nosotros empezamos a estudiar el fenómeno
de las tecnologías, y esta idea de las tecnologías generando
nuevas maneras de pensar, lo primero con lo que nos encontramos es que,
en realidad, más que pensar en el estudiante y sus nuevas maneras
de pensar había que pensar en el docente y sus nuevas maneras de
pensar. Y encontramos, fundamentalmente, a un docente preocupado -desde
hace unos años- por la utilización de las tecnologías;
una utilización que se les ve impuesta hasta por el aura de modernidad.
Parece que uno tiene que -casi les diría- dar explicaciones de
por qué no usa, por ejemplo, un Power Point en un congreso o en
una reunión como ésta. Pareciera que uno tiene que "justificar"
la no utilización, y no al revés. Quizás la exposición
de Piscitelli hubiera sido más sencilla sin tanta preocupación
porque le ande la tecnología. Este es uno de los problemas que
se nos suscitan permanentemente.
También, a veces, es un problema de distractor
(algunas categorías muy simples de la psicología cognitiva,
tales como la de "distractor" o la de "ayuda", podrían
ser utilizadas para reconstruir su verdadero sentido). Cuando me senté
acá, lo primero que dije es "apaguen la pantalla, porque si
tengo la pantalla lo que tengo es un distractor para favorecer las comprensiones".
Cuando hay dos discursos -uno en la pantalla y otro del expositor- lo
que están teniendo es una dificultad para la comprensión,
más que una ayuda. De verdad que es bastante complejo y difícil
sostener qué son las buenas ayudas, cuáles son las que favorecen
las comprensiones y cuáles las que la dificultan.
El hecho es que estas clases por televisión, a
través de las teleconferencias, etc., les generaban a los docentes
que se veían impuestos a utilizarlas una situación de interrogante
genuino y muy fuerte respecto de qué es lo mejor para dar clase
a través del soporte. Nos encontramos con que las mejores respuestas
para estos docentes tenían que ver con poder decirle "cuando
vas a dar una conferencia, cuando vas a dar una clase, lo primero que
tenés que decir es de qué vas a hablar. Después tendrás
que desarrollarlo, dar ejemplos, comparar, analogar". Todas estas
cuestiones no eran tecnológicas, sino didácticas; finalmente,
el residuo cognitivo se generaba en los docentes, no en sus estudiantes,
pero referido al campo de la didáctica. O sea, todas las propuestas
de enseñanza terminaban siendo propuestas derivadas, en términos
de residuos cognitivos, a qué es bueno desde la perspectiva de
la enseñanza, porque esto favorecerá la comprensión
de los estudiantes.
Otros resultados de investigación interesantes
tratan de docentes que conocen las propuestas de la didáctica,
conocen los problemas de la enseñanza, y no les es transparente
la utilización de las tecnologías. Con esto queremos decir
que desconocen la utilización de las tecnologías, su sentido,
cómo favorecen o no los procesos comprensivos de los estudiantes.
A través del análisis de las propuestas de materiales para
la web -me refiero, en este caso a Ubanet, una empresa construida por
la Universidad de Buenos Aires, y a Trainet, una subsidiaria de Telecom,
de Italia- nos encontramos con que los docentes trabajaban en contra de
las tecnologías. Voy a intentar dar un ejemplo: cuando desarrollaban
un hipertexto veían que la posibilidad del hipertexto tenía
que ver fuertemente con ir abriendo caminos en el desarrollo del contenido.
El hipertexto permitía poder profundizar en lo que es un autor,
poder mirar un ejemplo, poder trabajar abriendo profundamente el contenido
del que se trataba. Y el docente tenía miedo que de tanta apertura
el estudiante después no supiera qué es lo más importante,
qué es lo central, lo fundamental. Entonces generaba una propuesta
de enseñanza, a partir del tratamiento del hipertexto, para re-centrar
el contenido. Con esto queremos decir, finalmente, que trabajaba en contra
de la propuesta tecnológica.
Estos trabajos mostraron, en principio, aquél que
pasaba de aprender de didáctica al desafío de utilizar tecnologías
cuando, en realidad, eran impuestas; por otro lado, aquél que utilizaba
tecnologías y que trabajaba en contra de las propuestas tecnológicas;
y aquel otro que conocía propuestas de enseñanza y había
trabajado durante bastante tiempo con problemáticas de enseñanza
-siendo un buen docente, favorecedor de procesos comprensivos- y tenía,
además, un profundo dominio de la misma tecnología, generaba
propuestas que, sin trabajar en contra, encontraban un nuevo sentido al
tratamiento hipertextual. Esto es: permitía la utilización
del hipertexto, pero no solamente para abrir un camino, sino para profundizarlo.
Estas tres posibilidades diferentes, a través del
análisis de para qué las usan los profesores, cómo
las usan y cuál es su sentido para la enseñanza, también
nos permite poder mirar la otra cara, la de los alumnos, y qué
es lo que les pasa a ellos con la utilización de estas tecnologías.
Recogiendo experiencias desde ese lugar, hemos visto alumnos
que no ven favorecidos sus procesos comprensivos, cuando lo que hacen
es recorrer pantallas de computadoras pensando que con esto aprenden contenidos.
Son alumnos que, una vez que han recorrido las pantallas, no reconocen
que el estudio requiere tiempo y que las tecnologías, justamente,
van a contramano de esto; que necesitan detener la pantalla, tomar un
cuaderno y empezar a hacer ejercicios, actividades, construir propuestas,
reentender lo que están estudiando, buscando otros libros y otros
contenidos. Esto, quizás, pensando en qué es lo que van
instalando en los procesos comprensivos de los estudiantes, también
nos remite a un docente alerta en relación con el desarrollo de
contenidos a través de la pantalla, para ir generando actividades
que le permitan al alumno salir de esa lectura y entender que los procesos
del conocimiento son procesos bastante más complejos.
El problema sigue siendo el docente y la propuesta de
enseñanza. El problema no es la tecnología; no es lo que
la tecnología nos pone a disposición, porque si hay algo
que está permitiendo volver a entender el profundo papel del docente,
es justamente la utilización de estas tecnologías.
Yo no creo que haya cambiado el lugar del docente; creo
que se han potenciado muchas de sus propuestas. Cuando el docente ve que
un alumno no dispone de información a través de siete, diez
o quince contenidos, sino a través de diez mil, su papel se potencia,
pero no porque tiene que brindarle el contenido diez mil uno o decirle
"el que vale es el diez mil dos", sino porque tiene que enseñarle
a entender criterios y a construir otros para que dé cuenta de
cuál es la información válida y confiable.
Aquí volvemos otra vez a las mismas cuestiones:
reconocer que lo más fuerte y lo más importante de un docente
es poder entender y recuperar (como desafío) el nivel epistemológico
en relación con el conocimiento -quién lo dijo, dónde
lo dijo, cómo lo dijo, dónde se construyó ese conocimiento,
de qué manera, cómo se valida ese conocimiento- que va generando
hiperlectores, va generando hipercriteriales como propuesta. O sea, un
estudiante que pueda entender que la conformación de criterios
es quizás lo fundamental en los términos de las lecturas
que se están brindando a través de las nuevas tecnologías.
Entiendo que hay lugares de lo más complejos para
estudiar; sin permiso se nos meten en nuestras casillas de correo mensajes
que no solicitamos, virus que no controlamos. Es difícil que para
nosotros las nuevas tecnologías sean, de alguna manera, un lugar
generador de información, sin poder entender -al igual que los
profesores que no las conocen- un papel en confrontación. Nosotros
tenemos que trabajar en contra de los estudiantes universitarios que bajan
información para utilizarla en una monografía, la anillan,
le ponen una carátula y con eso hicieron la monografía.
Como docentes universitarios, tenemos que pelear el hecho de que frente
a una larga explicación a un estudiante de por qué está
mal su trabajo, éste corta y pega esa información y con
eso entiende que resolvió su proceso de trabajo. Con esto estamos
queriendo decir que las nuevas tecnologías, de alguna manera, aumentan
nuestro trabajo, nos generan nuevos vínculos. Sin embargo, nos
generan nuevos vínculos cuando éstos también estaban
construidos. Nosotros vemos cátedras en la enseñanza superior
que dicen que los docentes ofrecen la posibilidad del intercambio, resolver
preguntas, encontrar una nueva modalidad a partir de los intercambios
en el correo electrónico. Y cuando vamos a estudiar quiénes
son los que lo ofrecen y los generan nos encontramos con que eran cátedras
enteras, que antes tenían, además, un horario fijo para
atender las preguntas de los alumnos, con independencia de los horarios
de cátedra. Encontramos categorías que potencian en muchos
lugares las propuestas educativas, pero donde, también, esas propuestas
ya estaban; que en muchos lugares, además de potenciarlas, generan
nuevas propuestas y, en ese caso, aparecen nuevas categorías para
nuestro análisis; estas categorías que hoy nos hablan de
posibilidades de re-centración o de centración a partir
de trabajar en contra o a favor, pero fundamentalmente nos hablan de que
las nuevas tecnologías nos están ofreciendo un nuevo y poderosísimo
marco de ayuda en términos de información y en términos
de comunicación. Para eso fueron creadas y para eso fueron reconstruidas,
en el marco de la educación.
Nada más que eso, aunque es bastante lo que estamos
diciendo, porque esta posibilidad de informar y comunicarnos también
es el sentido de la enseñanza superior.
|
|