23 de noviembre de 2001
 


Entrevista del Mes
Exclusiva de Contexto Educativo

P: Dra. Litwin, desde su profunda experiencia en el campo, ¿cuáles son las áreas principales en las que la capacitación de los docentes argentinos en el sector primario y secundario necesita ser reforzada o desarrollada? En otras palabras, ¿en qué fallan más los educadores argentinos de esos niveles?

E.L.: En el mundo siempre se incorporaron sistemas de actualización o de especialización a la vida de los docentes en ejercicio. No es una cuestión argentina sino es inherente a quien trabaja con temáticas referidas al conocer. No se trata de capacitar a quien ya es capaz y tiene el título que así lo acredita. Pero estos sistemas son diferentes, si de especialización se trata, para los docentes de los primeros niveles de la escuela de los que refieren a los docentes de la escuela media.
Para los primeros, el gran desafío refiere a una ampliación y enriquecimiento de conocimientos universales, de los nuevos temas de la ciencia y la cultura. Ampliar el campo de horizontes. Para los docentes de la escuela media, los desafíos hoy son más didácticos. Enseñar a hacer más atractiva la enseñanza, distinguir mejores y más desafiantes modos de enseñar.

P: En el marco de la crisis, con las arcas del Estado vacías al igual que los bolsillos de los maestros, ¿cuál es el futuro de la Capacitación Docente, y qué estrategia podría permitirnos superar el momento?

E.L.: En los contextos de crisis y pensando en los sueldos paupérrimos de muchos docentes es muy difícil contemplar un sistema de actualización en tanto debiera incorporarse en el trabajo cotidiano. La única respuesta posible, en este contexto, puede darse mediante la implementación de un sistema de educación permanente. Incorporarlo a la forma y ejercicio del trabajo docente, asumiendo maneras originales y no compulsivas. La educación a distancia que incorpora propuestas comunicacionales novedosas podría ser una de las alternativas.

P: Ha dicho ud.: "La participación en las instituciones educativas, la colaboración con las maestras y maestros en actividades rutinarias y de las otras o en actividades con la comunidad, ofrecen una preparación para el oficio de mayor valor que los ensayos de laboratorio y, por otra parte, permiten entender las prácticas y el proceso formativo en torno a ellas en ambientes variados o enriquecidos, pero siempre reales". ¿Cómo se conjuga este ideal participativo de un maestro inmerso en la institución y en su comunidad que se forma continuamente, con la realidad de un sistema burocrático escolar que no da incentivos ni oportunidad para esa participación? ¿No ve ud. como injusto que se pida tanto al maestro sin crearle condiciones apropiadas para ese tipo de desarrollo?

E.L.: Esa frase refería al sistema formador, no a la capacitación. No era un requerimiento para maestros en ejercicio sino que constituía una de las tareas de los Institutos de Formación Docente dirigida a los estudiantes, reconociendo que, en vez de solicitar prácticas casi de laboratorio, se incorpore a los estudiantes a las escuelas. Para los maestros que acompañarían a esos estudiantes podría resultar un desafío interesante y no una carga burocrática. La frase cuestionaba fundamentalmente una concepción de aprendizaje de la práctica cuando la práctica se transforma en una ficción.

P: En un nota concedida al diario La Nación, comentaba ud. que "los niños y los jóvenes que utilizan las computadoras en sus casas llegan a la escuela portando una manera de comunicarse y tratar la información. La escuela requiere que esa información sea analizada con un profundo sentido crítico, para entender el origen de la información, para qué se escribió, desde qué perspectiva y con qué sentido". Cae de maduro que si un sentido crítico es necesario, más allá de lo que sea mera comprensión lectora, es porque la información no suele ser presentada de un modo transparente, objetivo y hasta podría decirse leal para con el lector; esto es, la crítica se vuelve imprescindible porque hace falta descubrir la verdad detrás de su apariencia, y ese ocultamiento es muchas veces intencionado. No obstante, y como este fenómeno no es nuevo en la cultura humana -basta recordar a los sofistas- querríamos preguntarle qué de especial han agregado las nuevas tecnologías al problema y por qué la escuela de hoy está tan preocupada por él.

E.L.: Recordemos que la frase refiere a niños que acceden a las computadoras en sus casas. Y no es especial el problema, tal como ustedes lo señalan. Las nuevas tecnologías han agregado al problema de la criticidad, veracidad o lealtad, el caudal de información. No se trata de un contenido a disposición sino de miles de conceptos, temas, enfoques, etc. Enseñar a validar información es un tema esencial de la escuela, pero uno es el desafío cuando la información es limitada y otro cuando está expandida y se accede a ella.

P: La crisis argentina parece lo suficientemente profunda como para presumir que habrá de extenderse en el tiempo, al menos por unos años. Desde la Reforma Educativa, pero más aún durante la administración De la Rúa, se insistió en que la incorporación de nuevas tecnologías al aula era imprescindible para mejorar la calidad educativa y situarnos en una posición "competitiva" frente a otras naciones, pero los que ya comenzaron a incorporar esos recursos se enfrentan en estos días a un tremendo encarecimiento de los insumos y los costos operativos, y los que no lo han hecho todavía ven que las computadoras están decididamente fuera de su alcance. ¿Qué debería hacer la Argentina -el Estado y los particulares- para no perder el terreno ganado, y cómo piensa ud. que incidirá la crisis en la calidad de la educación que brindan nuestras escuelas, tecnificadas o no?

E.L.: La incorporación de tecnologías sigue siendo un desafío para nuestras escuelas. No es tarea cumplida. Así como también todavía hay grandes deudas en materia de infraestructura en el conjunto del país. Si nuestro país quiere y pretende seriamente salir del atolladero se debe entender que la inversión en educación no es un lujo ni algo para suprimir. Pero esa inversión no es en primera instancia para las computadoras o solamente para ellas. Debiera pensarse en un proyecto que implica mejorar las condiciones laborales de los docentes, de infraestructura edilicia, bibliotecas, proveer de materiales y acceso a la información, sistemas de actualización permanente, buena formación docente, etc. La apuesta para la educación no empieza ni finaliza con las nuevas tecnologías. Estas forman parte de un proyecto global que privilegia la formación de los niños y jóvenes y atiende al sector que se responsabiliza de ello.

P: Por último, ¿cómo situaría ud. a la educación Argentina en el concierto de las naciones, en términos de organización, calidad y capacitación de su cuerpo docente, y metodologías?

E.L.: Quizás las características son la profunda heterogeneidad en el conjunto del país. Muchas de nuestras escuelas, primarias, medias o universitarias, representan lo mejor de la educación del mundo y otras dan cuenta de dificultades básicas para su funcionamiento. Mientras existan las primeras podemos sostener con orgullo que es posible alcanzar para el conjunto del país una educación ejemplar.

http://www.contexto-educativo.com.ar (Revista Digital)

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